Crónicas del Salón, parte I

Vale, las malas noticias primero y a otra cosa: no hubo suerte con el proyecto que, por primera vez, llevaba al Salón para intentar colárselo ofrecérselo a cualquier editor de buen corazón que estuviese interesado. Ningún problema, no se librarán de mí tan fácilmente. Dado que confío en las posibilidades de mi trabajo ahora el objetivo es descansar y en breve continuar trabajando en él. Con algo más de tiempo iré revisando lo hecho hasta ahora, intentando mejorar el acabado y dibujando más y más páginas. Temblad…

Ahora, lo divertido: ¡el cansancio empieza a desaparecer y es hora de resumir el periplo barcelonés!

Vayamos por áreas temáticas:

EXPOSICIONES

Este año la temática robot primaba en el Salón, no solo en exposición, también en actividades y cacharritos divertidos como varios R2D2 circulando por la feria (aunque uno de ellos decidió autodescuartizarse parcialmente en un momento dado). La exposición sobre robots contaba con varios carteles de cine como Cortocircuito, Robocop, Terminator y muchos más, mientras que en los cómics podían encontrarse originales de numerosos autores – incluidos nuestros Ibáñez y Jan – que han utilizado la figura del robot para componer alguno de sus trabajos.

Algunos autores también exponían ilustraciones hechas especialmente para esta edición, tanto en la expo sobre robots como en la de homenaje a Moebius que comentaré después.

La exposición sobre el recientemente desaparecido Moebius era una auténtica gozada. Páginas originales de Blueberry o Arzak llenaban el espacio. Y resultaba hasta intimidatorio, lo de este hombre. Uno puede alucinar leyendo uno de sus álbumes pero no es comparable a observar de cerca los trazos originales de Giraud. Lástima que las fotografías no puedan hacer justicia al valor de su trabajo.

Las exposiciónes de los premiados en el concurso de cómic de Cornellá y las de la Escuela Joso también andaban por allí, así como dos interesantísimas y envidiables exposiciones de originales de Paco Roca (Arrugas, El invierno del dibujante) y de Blacksad (de Juan Díaz Canales  y Juanjo Guarnido). Francamente impresionantes.

Menos atractivas para mí eran las exposiciones sobre Spiderman y sobre el universo DC, pero no por ello menos gratas de contemplar, sobre todo con el cariño que uno le sigue teniendo al hombre araña.

Una de las sorpresas en materia de exposición eran los originales del pionero Windsor McCay, genial historietista de principios del siglo XX cuyas tiras Little Nemo o Little Sammy Sneeze condensaban toda la magia de la narración en viñetas. Es más, el universo propio de McCay es toda una experiencia.

El panorama expositivo aún se completaba con una muestra del cómic chino, mucho más cercano al manga de lo que uno pudiera imaginarse en un principio, o la muestra de los 50 años de Cavall fort.

Un paseo tranquilo por todas estas muestras era suficiente para ocupar buena parte del tiempo en el Salón. Y por lo visto también buena parte de esta crónica… mejor la dejamos hoy aquí, ¡mañana más!

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