La nueva vida de John Pelfie

En aquella noche apestosa y pobremente iluminada John Pelfie había hecho algo asombroso, a todas luces inesperado, un acto impropio de un hombre conformista que nada sabía o sospechaba sobre el carisma, sobre la emoción o la aventura. Y absolutamente nadie estaba allí para verlo, lo que no dejaba de ser curioso en una ciudad saturada de gente, formada por aburridos montones de kilómetros de ladrillo y asfalto, abarrotada por las pisadas, el humo, el ruido y las peleas domésticas. Gente era algo que sobraba en la ciudad.

John Pelfie, frustrado por el hecho de que nadie sabría jamás lo que acababa de suceder, estiró el cuello y miró hacia el cielo nocturno, de un tenue color naranja. Frunció el ceño y se dijo a si mismo, con los ojos entornados: “es hora de cambiar mi vida”.

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